La Capannina: el refugio que ofrece una deliciosa pizza italiana

La Capannina
Cristian Galicia

Cristian Galicia

Gurú de la comida rápida y música rock en Guatemala.

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A la altura del kilómetro 13.8 de Carretera a El Salvador, se encuentra una pequeña pero acogedora cabaña situada a la par de un bosque. En su interior, un horno de leña cuece masas de pizza en tan sólo minutos. Le llaman: La Capannina, el paraje ideal para disfrutar en familia de la buena comida italiana.

Un camino de adoquín y una fuente con peces de colores dan la bienvenida a los comensales. Quizás una imagen demasiado bonita para alguien que venía en el carro escuchando a las Runaways gemir ante un excitado público japonés. O excesivamente fino si se contrasta con el estampido sonido de los Whites Stripes que también formaron parte de la banda sonora de ese día. No obstante me gustó.

La Capannina se presenta como un refugio del tráfico, del ruido de la ciudad y el frenesí de la vida moderna. Pisos, techos, mesas y sillas de madera. Un horno de leña que acoge con su calor incluso antes de llegar a la puerta. El bosque aporta tranquilidad y frescura hasta en un día caluroso, algo que incluso un rockero como yo puede apreciar. Pero es la comida lo que verdaderamente se roba los aplausos. En especial su pizza.

El menú de La Capannina

Antipastiinsalate e pasta, los primeros comestibles que ofrece el menú. Cada subtítulo propone tres o cuatro platillos. La Burrata, que debí dejar para una futura ocasión, promete. “Mozarella fresca rellena de crema, acompañada de vegetales a la parrilla con glasé de vinagre balsámico de Modena”. No se escucha mal.

Pero mientras el menú de entradas y pastas se limitaba a unas cuantas opciones, el de pizzas ocupaba una página y media. Las hay de todos los sabores y combinaciones posibles. Nueces caramelizadas con uvas y reducción de vinagre balsámico (Modena), peras salteadas al vino tinto con queso azul (Pera Viola), camarones, almejas y mejillones (Pizza Nera). Demasiadas opciones para elegir.

Por supuesto hay algunas más conocidas. Por ejemplo, ¿recuerdas la pizza hawaiana? ¿La que lleva jamón y piña? En La Capannina puedes ordenar una igual bajo el nombre de Asti. ¿Y una de pepperoni? Sencillo, se llama Genova. Pero a este restaurante no debes ir por esas pizzas, no. Lo que tienes que ordenar es una Calabria y una Quattro Volte como hice yo. Eso y acompañar tu almuerzo con una cerveza Angelo Poretti.

La pizza de La Capannina

Tenía ganas de pizza. De buena pizza. La noche anterior vimos con mi esposa un episodio de The Pizza Show. Para ser más específico, el que grabaron en Nápoles, terruño italiano que vio nacer la pizza. En el programa explicaron cuáles son las características de este plato tradicional italiano y cómo determinar si es de calidad o no.

Por ejemplo, explicaba un chef, la orilla de la pizza debe regresar a su lugar si se le presiona suavemente con el dedo. La parte inferior de la masa no debe estar quemada, pero tampoco debe carecer de las manchas producidas por el contacto con la piedra en el horno. Los ingredientes deben ser frescos y de la más alta calidad. ¿Cumpliría La Capannina con todos los requisitos?

La primer pizza en llegar a la mesa fue la Calabria, con queso mozarella, queso azul, panceta y puerro. Fue la única pizza que sometí al escrutinio del examen propuesto en The Pizza Show. Y cumplió. La panceta, es decir, la panza del cerdo (osea tocino pero más jugoso), estaba deliciosa. La mezcla de quesos y el puerro fresco le daban un toque único. Y me alegra mucho saber que, junto a L’Aperó y Bolgheri, ahora conozco un tercer restaurante cuya masa de pizza supera cualquier expectativa.

A la Calabria le sucedió la Quattro Volte, con queso mozarella, champiñones, alcachofas, aceitunas negras y prosciutto. Fue difícil decidir, pero esta segunda pizza fue mi favorita. ¿Y lo mejor? El precio. Una pizza de ocho generosas porciones cuesta entre Q 85.00 y Q 140.00. Además sobró lo suficiente para llevar a casa y recrear la experiencia. Mi única observación: un poco más de condimento para la salsa roja.

Conclusión

El menú de pizzas podría ser más corto. El área de juegos, si es un factor a tomar en cuenta para visitar el lugar, podría ser más grande. Los baños también. Aún así La Capannina es un restaurante acogedor. Con amplio parqueo y una bonita vista desde el mezzanine. La atención de los meseros es sobresaliente y su pizza es de las más sabrosas que he probado. Un lugar por demás recomendable.

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